31.1.11

Celeste odiaba los colores, todos los colores, pero sobre todo los que tenían esa irritante tonalidad pastel. Los que parecían tan dulces y alegres como una mañana de primavera. Uff, esos eran los peores de todos.

Los colores chillones, los que hacían daño a la vista, tenían un pase, porque gritaban, aullaban, reían a carcajadas. Tenías que cerrar los ojos para no verlos, y, aunque lo hicieras, seguían ahí. Grabados en la retina, como si hubieras mirado fijamente la luz durante un buen rato. Oh si, eran colores obstinados, más tercos que una mula.

Pero hablemos de los colores pastel, los insoportables colores pastel. Celeste tenía la teoría de que escondían algo, eran colores suaves que querían ser algo más. Querían decir todo lo que decían los colores chillones, pero continuar fingiendo ser modositos y tranquilos. Querían todo y más.

Avariciosos.

6 comentarios:

  1. Las matan callando, los colores pastel.

    ResponderEliminar
  2. Que mala gente, ya te digo. Y lo peor de los colores pastel es que tu madre siempre quiere que pintes tu habitación con ellos. ¡Que caraduras!

    ResponderEliminar
  3. Que cabrones esos colores pastel, ni siquiera dan la cara. Donde estén los chillones que se quiten el resto.

    ResponderEliminar
  4. Genial tu blog!
    Me encanta que ella se llame Celeste y no Color Pastel.
    Cuando quieras, pásate por aquí:


    * http://decadadeautoexilio.blogspot.com/
    * http://mivozmipalabra.blogspot.com/
    * http://laletralate.blogspot.com/

    Saludos,
    Ana Rosa

    ResponderEliminar